En el proceso de la meditación uno se sienta quieto, con la espalda lo más recta posible y con las manos cruzadas (la mano izquierda sobre la derecha). Muchas religiones utilizan un cordel con cuentas o rosario que se pasa rítmicamente por los dedos mientras se repite una oración o canto. La monotonía de toda actividad rítmica repetitiva, sosiega la inquietud de la mente consciente (algunos científicos han sugerido que el funcionamiento normal del cerebro depende del continuo despertar de la corteza cerebral, por el constante bombardeo de la información de los órganos sensitivos).
Si este estímulo se torna demasiado monótono, o cesa completamente, entonces la corteza cerebral se apacigua y la mente consciente deja de funcionar). Pero mientras se van pasando las cuentas, el órgano motor aún funciona; por eso la mente consciente, aunque poco, está todavía algo activa. Durante la meditación, en cambio, mantenemos las manos totalmente inmóviles, cruzadas y juntas. Con ello, el órgano motor de las manos se encuentra totalmente desconectado.













































































































