Alguien que buscaba el conocimiento y la practica espiritual empezó a practicar determinados rituales para obtener el control de un fantasma. Esperaba utilizarlo como servidor y hacer que la mayor parte de su trabajo fuera realizado por ese fantasma, para poderse liberar con el objeto de meditar, estudiar y dedicarse a su evolución espiritual.
Antes de emprender la tarea, el fantasma había afirmado que si no había trabajo, ¡devoraría al hombre! Esta era la condición: ¡tenía que estar ocupado todo el tiempo! El hombre pensó que había muchas cosas que hacer, de forma que el fantasma podía estar ocupado como cualquier otro ser humano, pero aquel era muy rápido, acababa inmediatamente todas las tareas y regresaba a por mas ordenes, y muy pronto acabo todo el trabajo que al hombre se le podía ocurrir.
Acto seguido el hombre tuvo una inspiración y se dijo a sí mismo que con la rapidez de ese fantasma era imposible darle suficientes tareas, de modo que debía asignársele alguna faena de la que debiera ocuparse todo el tiempo y que nunca se acabara. La idea que se le ocurrió fue pedir al fantasma que cortase un bambú para hacer un poste, que se lo llevara y lo instalase en el patio. Cuando el fantasma lo hubo fijado firmemente, el hombre le ordeno: “A menos que te pida venir para hacer otra tarea especial, tu ocupación general consistirá en subir y bajar por este poste.” Subir y bajar continuamente el poste cansó al fantasma rápidamente e hizo que se quedara al pie del mismo a esperar la nueva orden de su hombre santo.
La mente es muy parecida a este fantasma; su tarea es proponer y contraproponer y no existe fin a la variedad de contraproposiciones que puede producir. Ésta es la tarea de la mente, y así es como mantiene a las personas ocupadas, cansándolas no sólo mental, sino también físicamente.
El poste es el mantra. Ordena a la mente que se mantenga ahí y muy rápidamente se calmara. No hay ninguna razón para que la mente no te siga, la mente siempre sigue una orden. Si le ordenas que esté en paz, estará en paz. Si tu orden es vacilante, no estarás pidiendo a tu mente que se mantenga en paz. (Swami Shantanand Saraswati Ji Maharaj, el hombre que quería encontrar a Dios)












































































































