Dhyana significa literalmente “contemplación, reflexión” y “meditación profunda y abstracta”.
Dhyana es contemplar y reflexionar en lo que sea que Dharana se haya enfocado. Si en el sexto miembro del Yoga (Dharana) uno se enfoca en una deidad personal, Dhyana es su contemplación. Si la concentración estaba centrada en un objeto, Dhyana no es criticar o juzgar este último, no es una observación presuntuosa del mismo. Si el foco de la atención estaba en un concepto/idea, a través de Dhyana uno va a contemplar ese concepto/idea en todos sus aspectos, formas y consecuencias. Dhyana es un tren de pensamiento ininterrumpido, corriente de cognición, flujo de conciencia.
Dhyana está integralmente relacionada con Dharana, una lleva a la otra. Dharana es un estado mental, Dhyana el proceso de la mente. Dhyana se diferencia de Dharana en que el meditador se compromete activamente con su enfoque. Patanjali define la contemplación (Dhyana) como el proceso mental, donde la mente se fija en algo, y luego hay “un curso de modificaciones uniformes del conocimiento”.
Adi Shankara, en su comentario sobre los Yoga Sutras, distingue a Dhyana de Dharana, al explicar a Dhyana como el estado del Yoga donde sólo existe la “corriente de pensamiento continuo sobre el objeto, ininterrumpida por pensamientos de otro tipo en relación con el objeto en el que se medita”; Dharana, afirma Shankara, se centra en un objeto, pero se es consciente de sus muchos aspectos e ideas sobre el mismo. Shankara da el ejemplo de un Yogui que se mantiene en el estado de Dharana, concentrándose en el sol de la mañana, a través de Dharana, el Yogui puede ser consciente de su brillo, color y órbita. El Yogui que practica Dhyana “contempla sólo la órbita del sol, por ejemplo, sin ser interrumpido por su color, brillo u otras ideas relacionadas”.












































































































