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Ofrenda de Amor, Servir a Dios con los Propios Atributos – Swami Guru Devanand

Siempre existe una u otra cosa en nosotros en la que somos especiales o sobresalimos. Por ejemplo, algunos son inteligentes, y algunos no lo son, algunos son fuertes y otros son débiles, unos son cultivados y otros son ignorantes, unos son ricos y otros son pobres.

Todo el mundo debe intentar agradar a Dios, servirlo o venerarlo, según sea el caso, con ese atributo en el que sobresale. Éste es el camino de la menor resistencia. Y es seguro que funciona, como siempre ha funcionado en el pasado.

Sudama era el más pobre de los pobres. Veneraba a Krishna sólo con arroz que ya estaba pasado, y además tenía que pedirlo prestado, por ser tan pobre. Pero su culto funcionaba y Sudama obtuvo a cambio una gran prosperidad.

Las pequeñas cosas pueden tener grandes consecuencias. De hecho, todas las cosas grandes empiezan por algo pequeño. Una pequeña semilla del babul (un árbol espinoso de la India) producirá un gran babul, y éste producirá incontables árboles hasta que todo el lugar se llena de ellos y nadie puede moverse sin herirse.

De igual modo, una pequeña acción puede causar mucho daño y una buena acción puede causar mucho bien.

Kubja, una mujer jorobada que vivía en la época de Krishna, le rendía culto ofreciéndole sólo un poco de sándalo, pero con total sinceridad. Todos sus problemas desaparecieron y también la joroba. Se convirtió en una hermosa mujer.

Su acción era muy pequeña, pero su sinceridad era muy grande, y por ello sucedió el milagro. De igual modo, muchas historias de las Escrituras ejemplifican el hecho de que incluso el más humilde puede alcanzar las alturas más elevadas.

El método consiste en hacer aquello que uno debe hacer y hacerlo con espíritu de servicio a Dios. Comer, beber, dormir, bañarse…, todo debe ser dedicado a Dios. Éste es el punto correcto y la devoción adecuada.

Shabari, una mujer inculta que vivía en la época del Ramayana, rezó durante cien años con plena fe en que Dios personificado la visitaría en su cabaña en la selva un día, y esto es lo que sucedió en realidad. Rama acudió a su cabaña durante su exilio. Aunque ella era analfabeta, su dedicación fue de un orden superior incluso al de los mahatmas. Por ello, Rama visitó su cabaña y no la de ellos.

En nuestro corazón hay un fuerte y profundo afecto por nuestros hijos, nuestros padres o nuestra esposa, aunque sigamos con nuestros asuntos cotidianos y no recitemos sus nombres continuamente. Es de esta forma exactamente como debemos mantener a Dios en nuestro corazón y continuar llevando a cabo nuestras obligaciones al mismo tiempo.

Realizad vuestras tareas normales en servicio a Dios y adoradlo. Haciendo esto se puede alcanzar a Dios. Pero si pensáis que vuestras propias tareas no son buenas y os encargáis de hacer las tareas de otras personas porque os atraen más, podéis perder vuestro camino y destruiros. Así pues, llevar a cabo las propias obligaciones y dedicarse a Dios es la ley de oro, de la paz y de la felicidad.

 
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