La segunda calidad del mantra es que debe ser encantativo. El mantra debe tener un cierto sonido, un cierto patrón vibracional, de modo que cuando se cante internamente, eleve las propias vibraciones individuales o ritmo particular. Cada entidad en esa creación tiene su propio ritmo individual, su propia nota en la armonía universal. Desde los pulsantes Cuásar a los oscilantes electrones, desde la melodía ultrasónica de las montañas a la reverberación incesante de las criaturas, cantando y tocando tambores, zumbando y chasqueando, riendo y llorando, todas las notas están orquestadas en un gran concierto cósmico.
La Conciencia Infinita, silenciosa y tranquila, es la fuente de ese movimiento rítmico incesante, el océano de paz. No perturbada por ninguna vibración, fluye en una línea recta infinita a través de la eternidad. Los sabios antiguos que sumergieron sus mentes en este mar de Conciencia Inexpresada, se dieron cuenta de que el universo es un juego vibracional de ondas variadas y de diferentes longitudes. Por el poder de su intuición llegaron a entender las leyes de la armonía universal que gobiernan este flujo vibracional y desarrollaron una ciencia sutil de los sonidos que afectan a los ritmos de la creación. La música hindú, desarrollada por el gran Maestro del Yoga, Shiva, hace más de 7000 años, fue una rama de esta ciencia.
Las clásicas rágas o escalas musicales, están armonizadas tan sutilmente con los ritmos de la naturaleza, que cada una tiene que ser ejecutada o cantada sólo en una determinada estación o en un cierto momento del día para producir un efecto emocional específico en el músico y en la audiencia. Por ejemplo, una rága se ejecuta sólo al amanecer en la primavera, para evocar el sentimiento de amor universal; otra sólo se canta al mediodía de la estación de las lluvias para reunir valor.
Se dice que los maestros de música tenían control no sólo sobre las emociones humanas, sino también sobre las manifestaciones naturales; podían producir calor o hacer llover a voluntad, y sólo con la vibración de sus voces podían hacer que, instrumentos perfectamente afinados, ¡sonaran acompañándolos!
Hay documentos que describen los poderes que tenía Tansen, músico de la corte de Akbar el Grande. El Emperador le mandó cantar una rága nocturna mientras el sol brillaba plenamente y la canción vibracional de Tansen hizo que el palacio entero se viera envuelto en la oscuridad inmediatamente.
Pero la más sutil de todas estas ciencias del sonido, fue la ciencia del mantra. Los maestros sabían que el ritmo de cada entidad individual vibra con una frecuencia particular. Igual que muchos instrumentos en una sinfonía suenan en armonía, la combinación de varios biorritmos de la mente y del cuerpo (ondas psíquicas, latidos del corazón, tipo de metabolismo, etc.) producen una melodía individual particular. Si esta melodía individual es elevada a las frecuencias más lentas y sutiles, finalmente se vuelve infinita y la mente se sumerge en la ilimitada Conciencia Cósmica.
A través de una larga experiencia interna, los Yoguis desarrollaron una serie de poderosos sonidos o mantras que cuando se cantan internamente, resuenan con el ritmo de la entidad individual y gradualmente la transforman en una infinita línea recta de Paz Suprema.
Estos sonidos se originaron desde dentro de sus propios cuerpos y fueron sintetizados en un lenguaje y alfabeto de los más antiguos del mundo: el Sánscrito.











































































































